"En busca de Silva"
25.08.2014 13:27
Los últimos días de su vida los dedica a la reescritura de su obra. En abril de 1896, en una carta a Eduardo Gutiérrez, comenta: «Vivo una vida inverosímil. No veo a nadie: trabajo el día entero y la mitad de la noche...» Deja completos y ordenados los manuscritos de El Libro de Versos y su novela De sobremesa. Para esa época, sus amigos son escasos; la familia de su abuela materna le ha dado la espalda, la sociedad bogotana lo ignora, y sus pocos bienes personales tiene que entregarlos a sus acreedores u ofrecerlos a cambio del pago de un arriendo atrasado o de alguna emergencia. Días antes de su última voluntad, comentaba con su amigo Baldomero Sanín Cano, citando a Maurice Barrès: «los suicidas se matan por falta de imaginación»
